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Restaurante Mannix, en Campaspero (Valladolid)

26 enero, 2017

Restaurante Mannix- horno de leña

Foto: Restaurante Mannix

Vamos a comer a Mannix, el templo del lechazo y os contamos nuestra experiencia. ¿Quieres saber qué tal se come en uno de los asadores que mejor preparan el lechazo?

Mannix es sinónimo de materia prima. Es un asador tradicional donde el lechazo, uno de los productos más famosos de la zona, es el rey.

¿Qué tiene el lechazo de Mannix para tener tantos adeptos? Pues una materia prima de gran calidad: corderos autóctonos de raza churra con un peso de entre 5 y 6 kilos. Y un maestro asador, Marco Antonio, que controla el horno de leña como nadie. Consigue un lechazo con una piel crujiente y una carne que se deshace en la boca como si fuese mantequilla. El mejor que hemos probado, de lejos.

Hace tres años planificamos una jornada en la Ribera del Duero, con una visita familiar a las bodegas Emilio Moro y luego una comida en Mannix. Aprendimos y disfrutamos tanto de la jornada, que llevamos 3 años repitiendo la experiencia: plan enológico + comida en este asador castellano. Aunque esto supone hacernos un montón de kilómetros de viaje. ¡Merece la pena!

¿Qué hemos probado en Mannix?

Si vas a pedir aperitivos para picar antes del lechazo, lo ideal es elegir opciones ligeras para poder disfrutar del plato principal. Nosotros probamos los boletus con foie, un bocado delicioso para arrancar la comida.

Restaurante Mannix- entrantes

Restaurante Mannix- Lechazo

Después llega el delicioso lechazo en cazuelas de barro, que se sirve por cuartos y que te proponen acompañar de ensalada. Del lechazo poco más podemos decir que no hayamos dicho ya: es un espectáculo.

Para beber, opta por un vino joven de la zona (estás en la Ribera del Duero, cualquier propuesta que te hagan merece la pena).

El vino de la casa es un roble de la zona (Briego) que está muy rico. Si te proponen alguna otra opción, sigue sus recomendaciones.

Restaurante Mannix- postres

Con respecto a los postres nosotros probamos el ‘pinar de Mannix’, que es un trampantojo (algo que parece una cosa y no es) de tiramisú con forma de piña.

Y una sabrosa tarta de queso azul (fuera de carta), no apta para personas a las que no les guste el queso. Ambos postres estaban muy ricos.

Así es el restaurante

Este restaurante familiar es exactamente esto: un restaurante familiar. Muchas mesas, jaleo siempre (los fines de semana suele estar a tope) y el mejor lechazo que yo he probado, a un precio más que razonable. Este es el secreto de su éxito: buena materia prima, muy bien preparada, a buen precio. Aquí la comida tradicional es la que manda.

Su gran comedor tiene capacidad para 300 personas y una decoración que te va a sorprender: grandes lámparas de araña, paredes pintadas en color rojo, bodegones… Nos recuerda un poco a los salones de boda de moda en los años 90.

En la cocina trabajan mano a mano tío y sobrina: Marco Antonio, maestro asador, y su sobrina Gemma, que se encarga de los entrantes y los postres del restaurante.

Carmen, hermana de Marco Antonio, ejerce de gerente del local. En sala su marido se encarga de que todo vaya como la seda.

Si vas a Mannix, tienes que comer lechazo, pudiendo elegir entre asado o chuletillas a la brasa y acompañar el plato fuerte con algún entrante. Hay que reservar con tiempo y encargar el asado previamente, que se pide por cuartos (generalmente te recomiendan encargar un cuarto para cada dos personas).

La hora a la que debes ir también es muy importante, ya que te sientan en el momento en que los lechazos están a punto de salir (sobre las 14:15 ó 14:30). Así que lo mejor es estar allí a las 14, tomar un vino en la barra y prepararse para lo que llega.

  • Valoración: Muy bueno.
  • Precio medio: 35 €/ persona.
  • Más información: Restaurante Mannix.

Autor: Cigalita

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